En el techo, la señora.

noviembre 2, 2010 § Deja un comentario

En el techo la señora se sienta, para tomar el sol. Termina tostada, como checa o alemana en las playas del Decameron. Está desnuda, la señora y se siente bonita a pesar de que es fea, fea como la casa donde vive, fea como la nalga derecha que le pesa más que la izquierda por una operación en la que le fue mal, de la que casi no despierta: pobre la señora.

No era así, la señora. Fue joven y bonita, de esas que ganó tercer lugar en los concursos de belleza en Hong Kong, en Vietnam, en Reno, Nevada. Pero pasan los hijos: pasa la diabetes: pasan las barras de chocolate y pasan las pasas bañadas en sorbete de vainilla del TCBY. Entonces la joven ganadora se vuelve fea, se vuelve fofa y aguada, se vuelve de esas que está en el techo y el techo truena, el techo cruje, parece que se va a quebrar: se quiebra.

En el techo, la señora, estaba; ahora está en el suelo, la señora, y contenta, sí.

En el suelo encontró el último M&M de chocolate y maní que le quedaba.

 

Torroploco

octubre 24, 2010 § Deja un comentario

Todo lo que quiere, el torroploco, todo come, el torroploco. Le dieron churritos de desayuno y bolitas de pollo fritas de esas congeladas en el supermercado, para el torroploco. La leche entera, por supuesto, y el pan blanco, lleno de harina y levadura, panza dura y contaminada, la del torroploco. Se come las cosas con la boca abierta y deja ver las caries grandes, boquiabiertas, negras y con olor a dulce de menta, pistacho, POPS y frutas de conserva de la feria del Don Rúa, Torroploco.

Torroploco, venga cerca, le quiero dar un beso y sentir qué dulce se siente la obesidad más sonriente de la capital, torroploca.

Camiones atascados en esquinas silenciosas

octubre 23, 2010 § Deja un comentario

No hay paso: señora, de los panes, de las cosas que ha comprado para todos sus hijos. El tomate, para la ensalada; el aceite, para el pescado. Hable en su idioma, tan bonito y tan cantado, espere a que el camión despeje la calle para poder seguir bajando. A partir de aquí no hay paso para los automóviles, solo para los pies. Son gradas: como de las pirámides, como las de una casa, como las de un palacio. Son gradas viejas, construidas con piedras, tal vez peligrosas, tal vez demasiado inclinadas. En esta, su ciudad, van a enterrar sus huesos con osteoporosis, cansados. Mientras espera que los camiones atascados en esquinas  silenciosas le abran el camino, usted ya murió un poquito, un poquito más.

Tu cara, pequeña

septiembre 2, 2010 § Deja un comentario

Abrí tus hombros y cerrá tu pelo. Agarralo en una cola y que caiga por tu espalda como siguiendo la línea de tu columna. Ponete primero los calcetines, son bonitos, hasta las rodillas, casi medias, risueña. Luego ponete el calzón. El calzón tan delgado que se te mete entre las nalgas. Ay su olor al final del día. Tocate un poco el clítoris cuando lo hagás. Sí. Solo un poquito. Bajá tus manos hacia la cama y recogé el sostén. Brasier, le dice tu mamá. El hogar de las niñas. Las niñas bonitas con ojos café. Ponételos y amárralo por detrás, con el gancho de tus dedos. Quedate así un momento. Dejame verte. Mi niña. Si mi pene respondiera a estos estímulos probablemente me excitaría. Pero está muerto hace años. Lo maté hace años con tu cuerpo. Esperate: no te pongás el vestido. Sentate en la cama. Dejame dormirme. Dejá que esta sea mi última imagen. Cuando despierte quiero que ya no estés aquí. Salí corriendo y dejá la ventana abierta. Quiero que la oscuridad me despierte.

Colchón Comprado en La Comercial

agosto 24, 2010 § 1 comentario

Estás tejido con la tela de las sábanas viejas de una cama con ácaros. En esa cama durmió tu abuela, tu mamá y dormís vos; dormirán tus hijos y sus hijos que son tus nietos y sus hijos que son tus bisnietos. Una cama sigue siendo buena mientras te sostenga la espalda. Jamás pensaron ese día en ese almacén que esa cama duraría tanto. El hogar de tantos insectos, de tanta comida, del semen de los varios amantes de tu hija promiscua. La criaste bien, vos, la criaste en la cama, dejándola dormir en medio de los dos, dejando que ella a veces los dejara ver tocarse, pasar la mano por encima de su cuerpo, alcanzar los senos suaves, aguados, llenos de leche de tu mujer. Por eso ahora y por eso nunca se pudo despegar de esos resortes y por eso dejaba que los hombres terminaran en el colchón y después lo limpiaba desganadamente con un trapo sucio.

En tu cuerpo sobreviven las infecciones y las bacterias de un colchón cansado. Todos los que pasan por tu casa lo hacen sonar de una u otra forma, lo hacen brincar de aquí y allá: nunca le diste vuelta: nunca dormiste tranquilo.

Marta Martita

agosto 23, 2010 § Deja un comentario

Abra la ventana: quiero ver a su mamá regando las plantas. Abra un poco más la ventana, que no la veo. ¡Marta! Siempre le enoja que le diga Marta. Le gusta que le diga Martita. Ni que fuera niña. Abra la ventana, ábrala, que quiero ver a su mamá regando las plantas. Esas plantas las sembramos juntos, la Martita y yo. Ella el agujerito, yo la semilla, así como le explican a los niños. Salieron flores bonitas, grandes. Pero en esta época no llueve y hay que estarlas regando todos los días. Abra la otra ventana, que entre aire. Qué bonita se ve la Martita regando las plantas. Váyase para afuera, que quiero verla regando plantas, pero quiero verla solo.  ¡Marta! Vení, vení a ver, vení a ver lo bonita que te ves regando las plantas.

Tu hígado es un corazón

agosto 22, 2010 § Deja un comentario

¡Levantá la cabeza! Cambiate de camisa y salí conmigo al jardín. Ahí, en las petunias, está tu corazón doblado, hecho arbusto. Ahí lo vamos a cortar y recortar y va a empezar a bombear sangre. Tu corazón no es responsable de nada, el tuyo es un órgano artificial. Los corazones que sienten algo son los de papel, los perfectamente simétricos, los de tarjeta de centro comercial con estacionamiento subterráneo. Vos sentís en el hígado. Con las cervezas y el vodka late tu sedoso, grasoso hígado. Vos tocás el lado derecho de tu panza para encontrarlo y sentirlo vibrar. Con ellos, con ellas, vas alimentándolo de sentimientos y valor. Con el último vino te enamoraste. Con el tequila tu hígado aprendió a ocupar su borrador. Vomitalo todo, en el jardín.

¡Bajá la cabeza! Sentí el olor y vas a sentir el olor de todos los que algún día te besaron.

¿Ves? ¿Ves qué rico huelen?

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